Sentencia de casación 4771 de julio 8 de 1991

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA

•SALA DE CASACION PENAL

ESTUPEFACIENTES

DOSIS PERSONAL

EXTRACTOS: <<Cuando la Ley 30 de 1986 señala diferencias entre la conducta contravencional y los tipos penales que describe, lo hace en términos claros e inequívocos que cuidadosamente delimita en sus alcances, sin dejar cabida a deducciones caprichosas de intérprete, ni remitir siquiera, como ocurrió en ocasiones precedentes al criterio de peritos en la fijación de la "dosis personal''.

 

Es así como al referir a quien "lleva consigó" sustancia estupefaciente --conducta bajo la cual se deduce el cargo en la sentencia-- distingue el artículo 51 la hipótesis contravencional, y el artículo 33 el delito, caracterizándose la primera, --bajo la competencia de las autoridades de policía--, por lo exiguo de la "cantidad'' que se fija en topes invariables y se condiciona al exclusivo y personal consumo de quien la detenta "para su propio uso o consumó'; en tanto que la conducta tipificada como delito parte justamente de un evento distinto del contravencional, pues el inciso primero del artículo 33 comienza por excluir o dejar a "salvo lo dispuesto sobre dosis para uso personal''.

 

Especial cuidado tuvo además el legislador en fijar el concepto de aquella "dosis'' del usuario procurando que su descripción no resultara objeto de hesitaciones, señalando en el artículo 2o (literal j)) del estatuto, y a manera de "principio general'' que es "dosis para uso personal'' "la cantidad de estupefacientes que una persona porta o conserva para su propio consumó', restringiéndola para la marihuana a veinte (20) gramos, y para cocaína a "un gramó'.

El inciso tercero precisa que aún prescindiendo de la cantidad, jamás se tendrá como dosis personal la destinada a la distribución o venta de la sustancia, de donde surge como conclusión la presencia de tres factores determinantes en la integración del concepto, pues no será dosis personal la que "excedá" de la cantidad que de modo expreso se señala, tampoco la constituirá aquella que aún por debajo del tope fijado, no se halle destinada al "propio consumó', ni la que tenga por destinación su "distribución o ventá".

Enfrentando estos criterios dados con la situación de hecho que constituye el caso controvertido, tiénese que a pesar de demostrada la condición de adicta de la señora Corradine Torres, la cantidad tanto de marihuana como de cocaína hallada en su poder y cuidadosamente oculta, sobrepasa con amplitud los topes máximos indicados por el legislador como tolerables al adicto, pues la sustancia vegetal doblaba los veinte (20) gramos de marihuana señalados como dosis de uso, mientras que la cocaína superaba más de doscientas veces ese límite normativo.

Inadmisible resulta entonces la sugerencia traída por la Delegada cuando razona que:

"La prevalencia de dicha condición ("simple consumidor''), frente a la aplicabilidad de las normas objetivas del estatuto, es contrastada con absoluta precisión por el censor, al anotar que el artículo 2o, inciso 3o, literal j) de la Ley 30 de 1986 señala que "No es dosis para uso personal, el estupefaciente que la persona lleva consigo, cuando tenga como fin su distribución o venta, cualquiera que sea la cantidad''  (negrillas fuera de texto). De esta manera a fortiori, si la cantidad que se lleva consigo es superior al límite de la dosis mínima pero con el fin de consumo, predomina tal condición (exclusión de narcotráfico), por hacer prevalecer la cantidad de adicción del sujeto que porta la sustancia. De esta forma, la drogadicción es una "conducta dotada de sentidó' (antes que enfermedad), y por lo tanto no una simple conducta criminal (narcotráfico)...''.

Conforme puede verse, el error de ese enunciado es manifiesto en cuanto además de partir de una "prevalenciá' de la adicción sobre el factor cuantitativo, omite una valoración sistemática de los artículos 33 y 51 del estatuto frente al artículo 2o ibídem, ya que el concepto de dosis personal no solamente consulta la condición de adicto o consumidor en el agente, sino que apenas le tolera la tenencia dentro del límite legal cuantitativo para el tratamiento contravencional, sin llegar a crearle privilegios cuando excede ese margen de peso señalado frente a quien carece de las pretensiones de usuario, razón suficiente para comprender que el artículo 33 establezca dentro del concepto de delito la atenuante "Si la cantidad de droga excede la dosis para uso personal sin pasar ...'' de los nuevos extremos que allí fija, de modo de hacer exacta la precisión de la jurisprudencia cuando agrega que "donde termina la dosis personal (letra j) del art. 2o) empieza a computarse lo relativo a esta diminuenté" (Casación penal de julio 26 de 1988).

Por lo demás, la deducción que "a fortiorí" hace el Ministerio Público de la parte final del mencionado literal, que precisamente se orienta es a penar como delito la tenencia de cantidades menores de sustancia narcótica cuando no tienen por destinación el propio uso, no conduciría menos que al desconocimiento claro de las disposiciones en comento, ya que aquella insinuación interpretativa implicaría que el límite de cantidad señalado en la primera norma podría ser ajustado o variado arbitrariamente por el juez; que en la conducta prevista en el artículo 33 no incurre el adicto, sin que interese la desmedida cantidad de fármaco que transporte, almacene o porte con tal de que la aduzca destinada a su consumo, y que el artículo 51 no se restringe a la "dosis personal'' sino a la tenencia de cuanta cantidad de droga a voluntad quiera el adicto llevar consigo, tesis extrema por entero carente de arraigo legal.

A sabiendas de tan notoria desproporción cuantitativa, sugirió entonces el actor que al consultar la probada dependencia de su representada y el contenido de sus excusas frente a las circunstancias de la captura, se tuvieran las sustancias detentadas como constitutivas de una "dosis de aprovisionamientó", o cantidad suficiente para atender las necesidades de la adicta durante su permanencia prolongada en los Estados Unidos, insistiendo con ello en la presencia de un hecho de exclusiva connotación contravencional, alternativa que tampoco halla abrigo frente a la legislación que rige.

Si bien es cierto que el Estatuto Nacional de Estupefacientes no define de modo expreso lo que se ha de entender por "dosis de aprovisionamientó", no menos exacto resulta el advertir que tal concepto queda de hecho incluido dentro del mismo criterio de la dosis personal, pues al fijar para ésta los topes máximos que dentro de una hipótesis contravencional se permiten al usuario, se incluyen cantidades que se tornarían letales por su ingestión dentro de un solo acto de consumo.

Para sentar la conclusión que en este aspecto se ofrece, es pertinente recordar que dentro del anterior Estatuto de Estupefacientes (Decreto 1188 de 1974), había previsto el legislador que la dosis personal, entendida como aquella cantidad de droga "que ordinariamente una persona ingiere, por cualquier vía, de una sola vez'' debía señalarse en cada caso particular mediante la intervención del médico forense, consultando al mismo tiempo la cantidad y calidad de la sustancia y su grado de pureza, como la tolerancia y el nivel de dependencia del adicto.

En vigencia de esa disposición (artículo 39), tuvo ocasión de precisar la Corte que no podía existir una diferencia sustancial entre los conceptos de dosis personal y dosis de aprovisionamiento, pues además de que aquel se refería siempre a

"... porciones mínimas, destinadas al uso propio, desechándose como extraña a esta figura el suministro a terceros aunque sea gratuito, y con mayor razón, su tráfico, esto es, su utilización económica. Ese consumo individualizado --agrega--, se enfatiza con la expresión legal de ingerir o injerir (introducir una cosa en otra) por una sola vez, la sustancia o droga pertinente. Pero esto no equivale a que la reducida cantidad destinada a ese uso tenga que aplicarse unitariamente, de modo integrado o total. No. La ley considera que esa máxima proción es lo que de modo usual y por una ocasión puede satisfacer la necesidad del drogadicto. De ahí que se entienda por "dosis personal'' tanto el consumo total de esa cantidad como el consumo fraccionado de la misma cuando no se excede el volumen total que es propio a esta noción, buscándose conservar este sentido y evitar restricciones inadecuadas (consumo de una vez de la máxima cantidad de droga considerada como dosis personal) se insinúa como más apropiada la locución "dosis de aprovisionamiento para uso personal'' ... Pero no se quiere con esta última expresión ni ampliar la cantidad del consumo personal ni menos dilatarlo indefinidamente en el tiempo, dando margen a la posesión de mayores cantidades de drogas o sustancias, lo cual propicia su aplicación a otros fines distintos al consumo personal, actividades estas verdaderamente delictuosas y sometibles a severas penas'' (casación Penal de mayo 6 de 1980, Magistrado Ponente Dr. Gustavo Gómez Velásquez). Subrayó la Sala.

En desarrollo de ese pensamiento, la misma decisión recordó que al estudiar el Consejo de Estado el Decreto 701 de 1976, en cuanto a él se fijaron por entonces topes para la cantidad de fármaco que podía constituir la dosis personal aquella Corporación había expresado:

"Si en realidad las dosis máximas consagradas en la norma acusada son criterio científico, con seguridad serán adoptadas por quienes se presumen personas idóneas para desempeñar el delicado encargo de determinar "dosis personales''. De manera que si los estudios llevados a cabo por las autoridades administrativas son serios y sus conclusiones científicas, debe el Gobierno proponer al legislador la adopción de las "dosis personales máximas presuntivas''''.

Con la vigencia de la Ley 30 de 1986, actual Estatuto Nacional de Estupefacientes, fue ese, a no dudarlo, el criterio adoptado efectivamente por el legislador, pues no solamente en el artículo 2o, inciso segundo del literal j) se indicó con generosidad la cantidad máxima que constituiría la dosis personal en el caso de la marihuana, la marihuana hachis, la cocaína y las sustancias a base de ese alcaloide y la metacualona, sino que en el decreto reglamentario se añadieron márgenes para la tenencia de otras drogas, con el inequívoco objeto de deslindar bajo el criterio cuantitativo, las contravenciones de los delitos, de donde venga interpretando correctamente la doctrina que, "La cuantificación de esos estupefacientes para estimar la dosis para uso personal facilita la determinación del funcionario que debe conocer de la ilicitud, porque sólo basta una labor de pesaje de la sustancia para la asignación de la competencia ...'' y que si "... las cantidades estimadas como dosis para uso personal son altas y pueden estimular la farmacodependencia ...'' esa "dosis para uso personal no es más que la llamada o o de una sola vez, sino a la provisión para varios consumos, porque ninguna persona sería capaz de ingerir --por cualquier vía-- esa cantidad de sustancia de que habla la disposición, so pena de resultados fatales para el organismó" (Comentarios al Estatuto Nacional de Estupefacientes - Edgar Escobar López, Señal Editora, 1986, pág. 43).

Sobrepasando con tal amplitud los límites cuantitativos  autorizados pasa la dosis personal, es indudable, entonces, que la acusada, con todo y acreditarse consumidora de sustancias estupefacientes, actualizó la descripción típica del artículo 33, inciso segundo del Estatuto Nacional de Estupefacientes, marginándose completamente del evento contravencional que sugiere la demanda>>.

(Sentencia de casación, julio 8 de 1991. Radicación 4771. Magistrado Ponente: Dr. Juan Manuel Torres Fresneda).

"dosis de aprovisionamientó' hace referencia a cantidades de droga que no son destinadas al consumo

 

 


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